Pruebas de esfuerzo para la artrosis

Cuando una persona siente dolor de pecho, acude al cardiólogo, quien le someterá a una prueba de esfuerzo para ver cómo funciona su corazón: le harán caminar en una cinta  caminadora para monitorizar su sistema cardiovascular y diagnosticar posibles patologías. Si tiene dificultad para respirar, el neumólogo hará lo mismo: le someterá a una prueba de esfuerzo para ver si el funcionamiento de su sistema respiratorio está dentro de parámetros normales. En ambos casos, el paciente debe usar el sistema afectado para comprobar su funcionamiento, cosa que no ocurre en el diagnóstico de trastornos del sistema musculoesquelético como la artrosis: un paciente que sufre de dolor articular no es sometido a ninguna prueba que requiera moverse. Todo lo contrario, para someterse a una prueba diagnóstica de artrosis, ya sea una resonancia o una radiografía, debe permanecer lo más quieto posible.

Investigadores del Joint Action Research Laboratory (JARL) de la Universidad Dalhousie de Canadá, en cooperación con científicos del MOVE Research Institute de Ámsterdam, Holanda, han puesto en cuestión este enfoque, planteando que para diagnosticar, e incluso para tratar la artrosis, es necesario estudiar cómo funciona el sistema musculoesquelético de cada paciente. Para ello, los investigadores del JARL han empleado cintas caminadoras especiales para analizar el paso (gait) de un paciente mientras les someten a movimientos inesperados para ver cómo reaccionan, para que las articulaciones de los pacientes experimenten las mismas tensiones y cambios bruscos que sufren durante su actividad diaria y estudiar su reacción. Según el Dr. Derek Rutherford de la Universidad Dalhousie de Canadá, sus estudios también usan electrodos (similares a los empleados en electrocardiogramas) para monitorizar y estudiar cómo funcionan nuestros músculos al caminar o al sentir dolor, y de qué forma responden, identificando cambios en nuestra forma de caminar que resultan incluso imperceptibles para el paciente; pueden ver cómo nuestro organismo, nuestros músculos, compensan el dolor mediante cambios imperceptibles en nuestra forma de caminar.

El objetivo último de este proyecto es, en primer lugar, preservar o promover la movilidad y la actividad física en los pacientes con artrosis, para lo cual es necesario conocer lo mejor posible cómo funcionan nuestras articulaciones: cuanto más sepamos, mejor podremos tratar la artrosis y mejorar la movilidad de las personas, lo cual previene todo tipo de trastornos no sólo los articulares. Estudiando la biomecánica del movimiento de cada persona, el equipo del Dr. Rutherford espera poder afinar mejor el diagnóstico de la artrosis, prever la eficacia del tratamiento, e incluso, en un futuro, emplear pruebas de esfuerzo para el tratamiento de la artrosis, y no sólo como herramienta diagnóstica.

prueba de esfuerzo

Comentarios

  1. Además el paciente en su intento de minizar el dolor contrae los músculos, haciendo que la rodilla no pueda adoptar una posición recta, agudizando el problema de movilidad.

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