Claves para una recuperación óptima de las lesiones óseas y articulares

Los diversos tipos de terapia física pueden ser un útil complemento del ejercicio o del tratamiento estándar para mejorar la función articular afectada por dolor y/o lesiones, siempre y cuando se conozca la base científica de cada tratamiento y los principios de uso para cada tipo y fase de lesión. Tales son las conclusiones de una nueva revisión de la literatura publicada por Journal of the American Academy of Orthopaedic Surgeons.

La selección de modalidades terapéuticas específicas ha de basarse su eficacia en una fase particular de la rehabilitación. Las técnicas terapéuticas deben complementar a las técnicas estándar de ejercicio y terapia manual; para ser efectivas, no deben ser utilizadas como tratamiento único, sino como complemento durante las fases determinadas del tratamiento. Los fisioterapeutas, entrenadores de atletismo, y terapeutas ocupacionales emplean diversas modalidades terapéuticas para reducir el dolor y recuperar la fuerza y funcionalidad. Se definen las siguientes fases de rehabilitación:

  1. Recuperación aguda. Se centra en favorecer la sanación del tejido, reducción de dolor e inflamación, y minimizar el impacto de la inmovilización.
  2. Subaguda o intermedia. Persigue aumentar la fortaleza y reeducación neuromuscular, así como normalizar el rango de movimiento, flexibilidad y postura.
  3. Reforzamiento avanzado. Por medio de una secuencia apropiada –se aumenta la carga de ejercicios de reforzamiento para mejorar la fortaleza, potencia y resistencia, a fin de evitar recaídas.
  4. Retorno al deporte o actividad normal. Prepara al paciente o deportista para retornar a la práctica de su actividad o deporte de forma segura.

Tales modalidades son empleadas en conjunción con protocolos de ejercicio de rehabilitación para maximizar la función y permitir a los pacientes conseguir sus objetivos funcionales y de rendimiento deportivo.

Algunas conclusiones del estudio:

  • Frío y calor. Algunos estudios confirman la utilidad de la crioterapia –el uso del frío- para reducir la inflamación, así como el de la termoterapia –uso de calor-, en combinación con estiramientos y técnicas de movilización de articulaciones para aumentar el movimiento de la articulación afectada. Ambas terapias, frío y calor, pueden ser útiles para el manejo de la sensación de dolor.
  • Terapia de ventosas. Existe un renovado interés por la práctica terapéutica de la «terapia de ventosas» (cupping), en especial a raíz de la Olimpiada de Río de 2016. Esta práctica se basa en la teoría de que la succión provocada por las ventosas favorece el flujo sanguíneo a la zona, con lo que acelera la recuperación y la sanación de la región afectada. Aunque su efectividad no ha sido determinada de forma científica, existen evidencias empíricas que corroboran su utilidad.
  • Estimulación eléctrica. Esta técnica, según los autores del estudio, parece ser la más efectiva para pacientes bajo reeducación neuromuscular tras una reconstrucción del ligamento anterior cruzado. La iontoforesis –proporcionar medicación a través de la piel por medio de una corriente directa- tiene una eficacia limitada para la reducción a corto plazo del dolor. No obstante, no se recomienda su uso a largo plazo.

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