El consumo de ácidos grasos saturados favorece el desarrollo de la artrosis

Tal es la conclusión de un estudio de científicos de la Queensland University of Technology (Australia), que ha establecido que el consumo de ciertos tipos de grasas saturadas modifica la composición del cartílago, en particular el de caderas y rodillas, favoreciendo la inflamación y por tanto la progresión de la artrosis, así como el de otros trastornos. Este mecanismo ayudaría a comprender la asociación, identificada por numerosos estudios, entre obesidad, síndrome metabólico y artrosis.

Los ácidos grasos saturados, principales sospechosos

Un estudio publicado en Scientific Reports, revista perteneciente al grupo editorial Nature, ha asociado el consumo de una serie de ácidos grasos con el desarrollo de síndrome metabólico y artrosis en un modelo murino. Se trata probablemente del primer estudio que ha estudiado la asociación entre artrosis y ácidos grasos presentes en la dieta.

Estudios anteriores del mismo equipo de investigadores, coordinado por el Dr. Yin Xiao, ya habían identificado una asociación entre una dieta rica en ácidos grasos saturados y carbohidratos  simples y el desarrollo de síndrome metabólico y diabetes, hígado graso y cambios en el sistema cardiovascular. Los ácidos grasos saturados son los que se encuentran en las grasas animales o en el aceite de palma, mientras que los carbohidratos simples serían los azúcares que son rápidamente descompuestos por el organismo para generar energía, y que se encuentran en altas cantidades en la bollería industrial y en los alimentos precocinados. El estudio publicado en Scientific Reports investigó el papel de un grupo concreto de ácidos grasos saturados, entre los que se incluiría el ácido palmítico (Palmitic Acid, PA) y el ácido láurico (Lauric Acid, LA), así como el sebo de ternera (beef tallow), tanto en el desarrollo del síndrome metabólico como en el de la artrosis.

Los resultados mostraron que los ácidos grasos saturados se acumulan en el cartílago articular, alterando su metabolismo y debilitándolo, haciéndole menos resistente y suprimiendo su efecto amortiguador. Según el profesor Xiao, “en nuestro trabajo hemos probado diversos ácidos grasos saturados, y vimos que el consumo a largo plazo de grasas de origen animal, mantequilla y aceite de palma puede debilitar el cartílago”. Es más, estos daños no se limitan al cartílago: los investigadores también han identificado una asociación entre una dieta rica en ácidos grasos saturados y daños en el hueso subcondral, el que se halla situado bajo el cartílago. La eliminación del efecto amortiguador está asociado a la aparición de dolor articular, con los efectos asociados: pérdida de movilidad, aumento de peso, síndrome metabólico, que a su vez deteriora aún más el cartílago articular.

No todos los ácidos grasos saturados son iguales

Otra de las conclusiones del estudio es que no todos los ácidos grasos parecen tener el mismo efecto: hay algunos más dañinos que otros. Así, por ejemplo, el ácido láurico, presente en el aceite de coco, parece tener efectos menos perjudiciales que otros tipos de ácidos grasos saturados. Al sustituir la grasa animal de la dieta por ácido láurico, se observó una reducción del deterioro del cartílago y de la progresión del síndrome metabólico, lo cual sugeriría un posible efecto protector. La substitución de ácido palmítico (derivado del aceite de palma) o la del ácido esteárico (presente en grasas animales) por ácido láurico podría reducir los efectos dañinos del consumo de ácidos grasos saturados sobre la progresión de la artrosis. Esto, combinado con el uso de fármacos antioxidantes y reductores de los niveles de colesterol, podría frenar el daño articular causado por los ácidos grasos saturados.

La correlación entre obesidad y artrosis está bien establecida: sabemos que la inflamación metabólica por obesidad juega un papel clave en el desarrollo de la enfermedad artrósica. La novedad del estudio consiste en identificar una serie de compuestos concretos modificadores del cartílago: los iniciadores del proceso inflamatorio en ratones alimentados con una dieta obesogénica son, casi con toda seguridad, los ácidos grasos saturados como el ácido palmítico, que activan los macrófagos y por tanto aumentan la infiltración de células inflamatorias por el organismo. El estudio de Xiao y cols., por tanto, va más allá de los estudios que establecen una asociación entre diabetes, obesidad, inflamación y desarrollo de artrosis, identificando un mecanismo causal concreto (el consumo de ácidos grasos saturados) del deterioro del cartílago articular. En conclusión, podría decirse que la obesidad en sí misma no causa artrosis, del mismo modo que la artrosis no es causa directa de obesidad; pero sí podemos afirmar que el aumento de circulación de ácidos grasos saturados puede inducir la infiltración de células inflamatorias por todo el organismo, produciendo el desarrollo en paralelo de ambos trastornos.

Desde el punto de vista de la práctica clínica, este estudio refuerza la necesidad de poner el énfasis en la prevención: fomentar hábitos de vida saludable (ejercicio moderado, evitar el consumo de grasas saturadas, alimentos precocinados, carbohidratos simples) a fin de ralentizar o prevenir la artrosis, además de otros trastornos como las enfermedades cardiovasculares o la diabetes.

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