Desgaste articular y menopausia: la importancia de la prevención

El metabolismo óseo de la mujer es considerablemente diferente al del hombre, pues depende en buena medida de las hormonas sexuales femeninas, las cuales promueven la formación y mantenimiento de los huesos, además de prevenir diversas afecciones articulares como la osteoporosis o la artrosis. Al inevitable desgaste articular provocado por la edad, se añade, en el caso de las mujeres, la pérdida del efecto condroprotector de los estrógenos. Estas hormonas regulan procesos celulares beneficiosos para el tejido articular. Se ha detectado la presencia de receptores de estas hormonas en el cartílago, hueso, membrana sinovial, ligamentos y músculos.

Cuando se produce la menopausia y cesa la producción de hormonas sexuales femeninas (estrógenos), la incidencia de afecciones articulares se multiplica. Las tres principales son la osteoporosis, la artrosis, y la artritis reumatoide. Esta relación entre menopausia y afecciones articulares hace que el papel de médicos de cabecera y ginecólogos sea particularmente importante para prevenir y tratar estos trastornos.

Artrosis y menopausia

El 80 por ciento de las mujeres menopáusicas padece dolores articulares de origen artrósico. De estas, un 50% define el dolor padecido como “insoportable o importante”. Las zonas más frecuentemente afectadas son rodillas, columna vertebral, caderas y manos. La artrosis de manos es frecuente en la mujer, sobre todo durante los primeros años de la menopausia. Puede llegar a causar deformación de las manos. Es frecuente que existan precedentes familiares. Para su prevención, es conveniente evitar las actividades repetitivas o que requieran fuerza. La artrosis de columna, caderas y rodillas puede evitarse o ralentizarse mediante un peso adecuado, ejercicio moderado para fortalecer la articulación, y evitar deportes que causen traumatismos repetidos en la articulación.

Osteoporosis y artritis reumatoide

Las otras dos afecciones musculo-esqueléticas más comunes son la osteoporosis y la artritis reumatoide.

La desaparición de las hormonas femeninas provoca una pérdida acelerada de masa ósea. Esto provoca una pérdida de resistencia del hueso, que se va haciendo cada vez más poroso, y por tanto más propenso a fracturas por traumatismos. El máximo de masa ósea de una mujer se alcanza entre los 20 y los 30 años, de ahí que la etapa de la adolescencia sea clave. Un correcto consumo de lácteos y derivados, ejercicio regular, y evitar el consumo de tabaco y alcohol, ayudan a preservar la “reserva” de masa ósea que necesitaremos después de la menopausia. Es aconsejable realizar densitometrías preventivas para detectar y tratar a tiempo la osteoporosis.

La artritis reumatoide también tiene una mayor incidencia durante y después de la menopausia, pero puede aparecer a cualquier edad. A diferencia de la artrosis, se trata de una enfermedad autoinmune de  clara predisposición genética. Existen, no obstante, factores que colaboran en la aparición de esta enfermedad, como por ejemplo el tabaquismo. Se manifiesta principalmente por la mañana, con sensación de entumecimiento de manos, rigidez y tumefacción de articulaciones (muñecas, manos, codos, rodillas, hombros y pies). Ante la sospecha de padecerla, es necesario acudir de inmediato al reumatólogo para diagnosticarla y tratarla lo antes posible.

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