Dr. Castañeda: «El biomarcador ideal para evaluar la artrosis debería ser específico de tejido, sensible al cambio y con capacidad predictiva»

Los síntomas y signos cardinales para el diagnóstico de la artrosis son: dolor de características mecánicas, rigidez articular menor de 30 minutos, crujidos a la movilización articular y presencia de esclerosis subcondral y osteofitosis en la radiología. Sin embargo, la aparición de estos hallazgos en la radiografía convencional suele ser tardía, lo que habitualmente ocasiona un retraso notable en el diagnóstico de la enfermedad.

En un reciente artículo de opinión en Diario Médico, el Dr. Santos Castañeda, reumatólogo del Hospital Universitario de la Princesa de Madrid, afirma que sería de especial interés disponer de
eficientes como parámetros subrogados para:

– Establecer un diagnóstico precoz.

– Mejorar el conocimiento de la enfermedad.

– Detectar perfiles de pacientes de mal pronóstico.

– Monitorizar la progresión de la enfermedad.

– Reducir la duración y costes de los ensayos clínicos

– Monitorizar la eficacia de un tratamiento determinado.

En la actualidad, se conocen más de 28 marcadores bioquímicos solubles que reflejan diferentes fases del anabolismo o de la degradación de las diferentes estructuras articulares: principalmente cartílago, pero también membrana sinovial, menisco, ligamentos, cápsula articular y hueso subcondral. De ellos, los más interesantes y prometedores actualmente son los que reflejan la degradación de los agrecanos y del colágeno tipo II, constituyente del cartílago hialino articular, y más particularmente los fragmentos ColI2-1 y Coll2-1NO2, específicos del cartílago degradado. Más recientemente se están descubriendo biomarcadores que analizan la situación metabólica de la sinovial y del hueso subcondral, que tanta importancia está demostrando en la patogenia no sólo biomecánica, si no también metabólica de la artrosis.

Sin embargo, los biomarcadores actualmente disponibles tienen una serie de limitaciones, entre las que destaca su gran variabilidad, por lo que es imprescindible estandarizar y mejorar los métodos para su medición. También hay que resaltar su escasa especificidad respecto al tejido articular evaluado, el estadio de la enfermedad o el tipo de articulación afecta. Por ello, un biomarcador ideal para evaluarla OAdebería ser específico de tejido, sensible al cambio y con capacidad predictiva, es decir con potencial para determinar diferentes perfiles de gravedad de la enfermedad.

Si quieres conocer otras investigaciones que se están realizando en biomarcadores en artrosis puedes visitar este post.

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