Obesidad y longevidad: ¿son las verdaderas causas del aumento de la artrosis de rodilla?

El  aumento de la incidencia de la artrosis de rodilla en las sociedades occidentales durante las últimas décadas es un hecho irrefutable. La idea comúnmente aceptada entre los profesionales médicos es que este fenómeno se explica por la epidemia de obesidad y a una mayor esperanza de vida.

Para verificar esta asociación, científicos de la Universidad de Harvard han llevado a cabo un estudio, inédito hasta ahora, de la incidencia de la artrosis de rodilla desde la antigüedad más remota, pero sus resultados no han sido los esperados.

¿Por qué ha aumentado la artrosis de rodilla?

En la actualidad, aproximadamente un 20% de la población estadounidense mayor de 45 años padece de artrosis de rodilla. En España, según el estudio EPISER de la Sociedad Española de Reumatología, la artrosis sintomática de rodilla tiene una prevalencia puntual del 10,2% de la población, y se prevé que esta cifra aumente durante los próximos años.

Hasta ahora, la comunidad científica había dado por cierto que esta cifra había ido aumentando con el tiempo, pero no existía ningún estudio que lo confirmase. Esto llevó a Ian Wallace y Daniel Lieberman, del Departamento de Biología evolucionaria humana de la Universidad de Harvard, EE. UU., a estudiar la evolución a muy largo plazo de la enfermedad. Mediante el estudio de esqueletos que se remontan desde la prehistoria hasta la actualidad, los autores trataron de determinar con más precisión la antigüedad de esta enfermedad, y si es cierto que su prevalencia ha aumentado. Esto, a su vez, nos permitiría conocer mejor la etiología de la artrosis de rodilla, para definir mejores tratamientos y medidas preventivas. Los resultados de su estudio han sido publicados en la revista PNAS.

Los autores utilizaron diversos enfoques metodológicos. Entre los métodos empleados, se incluyeron el estudio de modelos animales y de poblaciones humanas vivas. «Existen abundantes ejemplos fósiles, de Neandertales incluso, con artrosis», pero hasta ahora nadie había estudiado de forma sistemática estos ejemplos. Los investigadores examinaron miles de esqueletos, algunos de los cuales se remontaban a 6000 años de antigüedad, en búsqueda de trazas de eburnación ósea, un signo inequívoco de artrosis, provocado por el roce directo entre huesos, una vez se ha desgastado el cartílago.

¿Causas ambientales?

Los resultados del estudio demuestran que, efectivamente, la prevalencia de esta enfermedad se ha duplicado, pero ya desde mediados del siglo veinte, es decir, bastante antes del inicio de la epidemia global de obesidad y del aumento de la longevidad asociado a la medicina moderna. Este análisis contradice la idea comúnmente aceptada de que el aumento de la artrosis de rodilla se debe únicamente a que las personas viven más y al aumento de la obesidad. El aumento de casos de artrosis de rodilla, por tanto, debe explicarse por otros factores de riesgo, posiblemente asociados al entorno de las sociedades de la segunda mitad del XX.

En palabras de los autores: «Los incrementos de longevidad e índice de masa corporal no son suficientes para explicar que la prevalencia de la artrosis de rodilla se haya prácticamente duplicado desde mediados del siglo XX. La artrosis de rodilla, por tanto, es más prevenible de lo que se ha asumido hasta ahora, pero su prevención requerirá investigar de factores de riesgo independientes que surgieron, o aumentaron, durante la era postindustrial».

Wallace y Lieberman consideran que este estudio podría modificar la percepción popular de la artrosis de rodilla como una consecuencia inevitable del envejecimiento, y llevarles a centrarse en la prevención de la enfermedad, del mismo modo que ya se hace con las enfermedades cardíacas. «Creemos», afirma Lieberman, «que la artrosis de rodilla pertenece a la misma categoría, pues es evidente que es más fácil de prevenir de lo que se cree comúnmente. Pero, para prevenir la enfermedad, será necesario profundizar en la investigación de sus causas.»

artrosis de rodilla

Fuente: Universidad de Harvard, EE. UU.

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